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TIKKUN

En la Kabbalah, el concepto de Tikkun se refiere a la idea de reparación, corrección o rectificación. La palabra viene del hebreo y puede traducirse como arreglo o corrección. Pero su significado espiritual va mucho más allá de corregir algo que está mal. El Tikkun representa un proceso de transformación mediante el cual el Ser trabaja sobre aquello que necesita ser elevado, ordenado y llevado hacia su propósito.

La tradición enseña que el alma desciende al mundo material con un propósito determinado. La vida, entonces, no sería solamente una sucesión de experiencias, sino también un espacio en el que determinadas cualidades pueden desarrollarse, aspectos pueden ser corregidos y la conciencia puede elevarse.


El Tikkun no significa que exista algo defectuoso en el alma. El alma posee una raíz espiritual y una conexión con la Luz. Lo que necesita transformación son determinadas formas de actuar, reaccionar, vincularse y relacionarse con la realidad que pueden impedir que esa Luz se exprese plenamente. Por eso, está profundamente relacionado con nuestras experiencias repetitivas. Hay situaciones que parecen presentarse una y otra vez, vínculos que despiertan las mismas reacciones, dificultades que nos enfrentan con determinados límites o aspectos de nosotros mismos que constantemente vuelven a aparecer. Estas experiencias pueden convertirse en oportunidades para reconocer aquello que necesita ser trabajado.

Esto no significa que todo sufrimiento sea un castigo ni que cada acontecimiento negativo haya sido enviado para enseñarnos una lección determinada. La Kabbalah pone el énfasis en la manera en que respondemos a lo que vivimos. El Tikkun ocurre a través de nuestras elecciones, de nuestra conciencia y de la transformación de nuestras acciones.


Uno de los aspectos centrales de este concepto es salir de los patrones automáticos. Mientras actuamos desde la reacción, repetimos. Cuando comenzamos a observar nuestras conductas, reconocer nuestros impulsos y elegir de una manera diferente, aparece la posibilidad de transformar ese patrón. Por eso, el Tikkun no consiste solo en comprender intelectualmente aquello que nos sucede. Requiere movimiento. Una conciencia nueva necesita expresarse en la realidad a través de decisiones, límites, vínculos, acciones y cambios concretos. En este sentido, también está relacionado con el concepto de libre albedrío. La persona puede encontrarse frente a determinadas tendencias o circunstancias, pero conserva la posibilidad de decidir cómo responder ante ellas. La corrección no está únicamente en lo que nos ocurre, sino en lo que hacemos con aquello que nos ocurre.


La Kabbalah también desarrolla la idea del Tikkun desde una dimensión más amplia, vinculada con la reparación de la Creación. El trabajo espiritual del Ser no se limita a su mundo interior. Cada acto de conciencia, cada elección ética y cada acción que aporta orden y bien puede participar de esa reparación.

Por eso, trabajar sobre el propio Tikkun no significa buscar una vida sin dificultades; es aprender a transformar las dificultades en conciencia y utilizar aquello que la vida presenta como materia para el crecimiento del alma.


Cada vez que dejamos de repetir una reacción automática, elegimos con mayor conciencia, transformamos una conducta o utilizamos una experiencia para elevarnos, estamos participando de ese proceso de reparación. Desde esta perspectiva, el propósito espiritual no consiste en escapar de la vida material, sino en llevar la conciencia a ella. El alma se eleva no solamente cuando contempla lo espiritual, sino también cuando aprende a expresarlo en la manera de vivir, de vincularse, de decidir y de actuar.

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